Basílica de la
Purísima Concepción

El monumento más destacado del patrimonio artístico de la villa y uno de los más sobresalientes de la arquitectura religiosa renacentista en todo el País Vasco.

Es un edificio que destaca por sus notables dimensiones (mide casi 50 metros de largo por 25 de ancho), la calidad de su realización y la riqueza de su mobiliario, ofreciendo un resultado bastante homogéneo pese a su larga y compleja historia.

DESARROLLO HISTÓRICO

En líneas generales podemos distinguir en su desarrollo histórico tres fases:

La etapa gótica: se extiende entre 1464 y 1530, corresponde a su origen y planteamiento inicial. Es la peor conocida y al final de este período corresponden las dos portadas y el pórtico norte que da a la plaza.

La etapa renacentista: abarca de 1530 a 1620, y en ella se definen los elementos fundamentales del edificio. Se terminan de levantar los muros y se abren los ventanales, erigiéndose las impresionantes columnas y cerrándose las bóvedas.

La etapa barroca: comprende desde 1620 hasta 1767, y en ella se realizan algunos complementos del edificio como el coro o la parte superior de la torre-campanario y la sacristía, pero especialmente cobran importancia en esta fase las tareas de amueblamiento del templo, pues a ella corresponden la sillería y sus nueve retablos.

Con posterioridad se llevará a cabo el altar mausoleo de San Valentín de Berrio-Otxoa, que data de principios del siglo XX.

CARTAS A SU MADRE

Mientras estuvo lejos de su casa y de su familia mantuvo continua correspondencia en euskera con su ama. Gracias a ello, tenemos documentos escritos en euskera que datan del año 1840 donde se ve reflejado el euskera natural de Elorrio, con sus particularidades lingüísticas. Se puede ver una de las cartas enmarcada en la pared, a un lado del retablo.

Su sentido del humor, muy suyo, se deja ver en sus cartas por ejemplo cuando dice a su madre que vive en un «magnífico palacio» de tejado de paja, paredes de tierra y puertas de caña.

Sortzez Garbiaren Basilika Elorrio

MOBILIARIO

Todos los retablos que existen actualmente en la Basílica corresponden al estilo barroco, aunque también se conserva alguna imagen anterior, como una talla tardo-gótica del Crucificado de hacia 1520, u otra imagen de la misma iconografía dispuesta sobre una cruz nudosa con tibias cruzadas en los pies, que data de la primera fase del renacimiento.

Pero sin duda alguna, los retablos más sobresalientes son los ubicados en el presbiterio, el mayor y sus dos colaterales, dedicados a San Miguel y San Pedro, que conforman un conjunto verdaderamente espectacular, el más sobresaliente del barroco-rococó en toda Bizkaia. La historia de su construcción es larga y compleja y el resultado un magnífico retablo rococó de movida planta que queda casi “embutido” en el ábside, ocupado por este mueble en su totalidad, y que cuenta con tres calles y dos cuerpos. 

Digno de mención es también el templete-expositor enmarcado por ángeles con vides y espigas y rematado con las virtudes teologales (la caridad a la izquierda, la esperanza a la derecha y la fe en su cúspide). Completan la iconografía media docena de apóstoles, y ya en el cascarón San Juan Bautista con el cordero, San Joaquín y Santa Ana, con el arcángel Gabriel y el Ángel de la Guarda y el Padre Eterno en lo más alto. Estos últimos corresponden (salvo el Bautista que es también de Ontañón) al escultor Juan de Munar.

Monolito

Si te acercas a la parte posterior de la iglesía, podrás ver un monolito.

Es un monumento realizado en bronce por José Luis Valenciaga. 

De su diseño, en cambio, se ocupó Matilde Roca de Togores.

Se colocó en 1988, tras las obras de urbanización del terreno de detrás de la iglesia, en conmemoración de la canonización de Berrio-Otxoa.

ALTAR MAUSOLEO

El mobiliario de la Basílica se enriqueció aún más a principios del siglo XX con un nuevo y singular elemento: el altar-mausoleo de San Valentín de Berrio-Otxoa, el santo patrono de Bizkaia (junto a San Ignacio) que era natural de Elorrio, y cuyos restos habían llegado a su villa natal en 1886.

En 1906, con motivo de su beatificación la Diputación de Bizkaia convoca un concurso para su realización en el que resultó vencedor el proyecto presentado por Manuel María de Smith Ibarra y Marcelino de Arrupe, realizándolo la empresa de París “Fachinna y Maumejean”. El espectacular mosaico representa su martirio, que tuvo lugar en Tonkin en 1861. Es una obra excepcional por sus dimensiones y el exotismo de su arquitectura, con las elevadas cubiertas doradas que recuerdan las de los templos orientales, o la decoración con cabezas de elefantes bellamente enjaezadas.

Los huesos de Berrio Otxoa se preservan en la urna metálica dispuesta en la parte alta. La imagen yacente del santo es posterior, de 1925.

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La Giraldilla de Elorrio

TEXTO: R. Becerro de Bengoa

Ficha: La Basílica

FUENTE: Bizkaiko Foru Aldundia y Elorrioko Udala

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